miércoles, 1 de agosto de 2001

LOS ANTECEDENTES DEL ACTUAL PROCESO EN ARGENTINA 1989-2000 EL CONTEXTO INTERNACIONAL 1955 - 1973

Luego de la segunda guerra mundial, EE.UU. salió fortalecido y se transformó en la primera potencia en el campo del capitalismo. En cambio, se hallaban claramente debilitadas, Gran Bretaña, que había sido hegemónica desde mediados del siglo XVII, Francia y sobre todo, las que habían constituido el bloque nazi-fascista: Alemania, Japón e Italia.

A partir de 1932, en Estados Unidos, siendo presidente Franklin Roosevelt comenzó a implementarse el Welfare State, un nuevo modelo económico, social y político del capitalismo. Este nuevo esquema, que suplantaba al liberal, respondía a las ideas económicas de Keynes. El modelo benefactor, luego de terminada la Segunda Guerra se expandirá por el mundo capitalista y predominará, en las tres décadas siguientes.

La U.R.S.S., bajo la dirección de José Stalin, que había salido triunfadora de la guerra, aunque devastada material y humanamente, se recuperó rápido. Además, se formó un campo socialista, añadiéndose a la Unión Soviética un bloque de Estados de Europa Oriental, algunos liberados por la contribución del Ejército Rojo y otros, que habían derrotado al fascismo con sus propias fuerzas, como Yugoslavia y Albania. Más adelante, se unirán a este bloque Corea, Vietnam y China. Luego del XX Congreso del P.C.U.S., en 1956, comenzó en la U.R.S.S., dirigido por el revisionismo, un proceso de desmantelamiento del socialismo que iba a afectar al movimiento comunista internacional.

La guerra había producido el debilitamiento del control que ejercían las naciones capitalistas dominantes sobre los pueblos dependientes. Esta circunstancia permitió que se desatara una oleada de revoluciones y de movimientos de liberación nacional desarrollados luego de 1945. Estos procesos fueron conducidos en algunos casos por la clase obrera y en otros por la burguesía nacional. Así, en 1949, nace la República Popular China, poco antes se había independizado la India, mientras que en 1954 triunfa la revolución nacional - democrática en Vietnam.

En muchos países de América Latina, la crisis mundial del capitalismo iniciada en 1929 primero y luego la Segunda Guerra, crearon condiciones para que se iniciara un proceso de industrialización por sustitución de importaciones. Se expandieron así las burguesías nacionales de carácter industrial y también creció, notablemente, la clase obrera. El Estado fue fortalecido para actuar como un agente impulsor del modelo de desarrollo capitalista nacional. En Argentina, por ejemplo, se estatizaron varias empresas del área de servicios públicos (teléfonos, ferrocarriles), mientras que se creaban otras (Aerolíneas Argentinas, Gas del Estado, Y.C.F., Agua y Energía Eléctrica) y también se impulsaban algunas preexistentes como Y.P.F. Perón en Argentina, Vargas en Brasil, Ibáñez en Chile, Cárdenas en México, Arbenz en Guatemala, la revolución de 1952 en Bolivia con la conducción de Paz Stenssoro y Siles Suazo, son claros ejemplos de estos procesos. Pocos años después, en enero de 1959, triunfó en Cuba una revolución democrática y antiimperialista, conducida por Fidel Castro. La teoría del foco revolucionario, basada en la experiencia cubana, provocará profundas desviaciones en el movimiento revolucionario, en particular el de América Latina.

Ante el avance de las masas populares, particularmente en Europa, Asia y América Latina, los Estados imperialistas se dedicaron, en un primer momento, a lograr la recuperación económica y política de las potencias debilitadas.

EE.UU., una vez recobrados los Estados del bloque imperialista, lideró el proceso de reconquistar los mercados perdidos en los países dependientes, con el objetivo de liquidar los intentos de desarrollo capitalista autónomo. En ese contexto deben ser encuadrados los golpes contra Arbenz en 1954 y el de Argentina en septiembre de 1955.

En el mismo año, se celebró en Indonesia la Conferencia de Bandung. Participaron veintinueve estados asiáticos y africanos, muchos de ellos recién habían logrado su independencia. Por África concurrieron Egipto, Sudán, Etiopía, Costa de Oro (Ghana), Liberia y Libia. Entre los dirigentes políticos se destacaban Nehru de la India y Chou En Lai, encargado de las relaciones exteriores de la República Popular China. En la mayoría de los discursos se reclamaba impulsar un capitalismo independiente. Para ello se proponía desarrollar la industria, los transportes en especial los marítimos y la banca nacional. Estos Estados, la mayor parte de ellos económicamente dependientes de las grandes potencias capitalistas, planteaban, en lo relativo a la política exterior, mantenerse neutrales en el conflicto entre la U.R.S.S. y EE.UU. Las burguesías nacionales estaban esperanzadas en que este enfrentamiento mantendría ocupados a las potencias dominantes y les daría tiempo para alcanzar un alto nivel de desarrollo capitalista. En esta reunión nació el Movimiento de Países No Alineados.

Bajo la dirección revisionista, la U.R.S.S. se transformó de país socialista en una superpotencia imperialista que disputaba con Estados Unidos el control del mundo. Su dominación se extendía por Europa Oriental, Asia, África y América Latina. Cuba, poco después del triunfo de la revolución, se incorporó al conjunto de estados dependientes del socialimperialismo soviético.

A fines de los años cincuenta y principios de los sesenta, el movimiento comunista internacional se escindió, ante la denuncia contra el revisionismo que encabezaron el Partido de Trabajo de Albania y el Partido Comunista Chino, dirigidos por Hoxha y Mao respectivamente.

Pocos años después, el pueblo de Vietnam, continuó su larga lucha por la liberación nacional y social del sur del territorio. A mediados de los años sesenta, el Frente Nacional de Liberación se enfrentaba con un enorme ejército norteamericano al que logró derrotar. La revolución democrática y antiimperialista triunfó en 1975.

Los pueblos de África, luego de la Segunda Guerra Mundial, iniciaron una profunda lucha contra el colonialismo, que culminará, en 1975, con la independencia del continente.

El auge de los de movimientos de liberación de los pueblos de los países dependientes, que había comenzado intensamente luego de 1945, había declinado treinta años después.



EL PROCESO NACIONAL 1955 - 1976

LOS RASGOS GENERALES EN LA ÚLTIMA MITAD DEL SIGLO XX



Desde la caída del peronismo se pueden señalar algunas tendencias en la evolución del proceso económico, social y político nacional.

Continuaron expandiéndose las relaciones de producción capitalistas, lo que implicó un crecimiento en el número de obreros y asalariados en general.

Paralelamente, también aumentó la explotación de la clase obrera, que sufrió un constante deterioro de los salarios y de las condiciones de trabajo.

Al mismo tiempo, la pequeña burguesía sufrió una significativa pauperización que obligó, a muchos de sus integrantes, a incrementar las filas de los asalariados.

La economía se desnacionalizó, pasando a manos de los monopolios extranjeros, muchas veces asociados con la gran burguesía argentina. Esta transferencia ocurrió, en un primer momento, lentamente, para luego acelerarse, sobre todo desde principios de los noventa, hasta prácticamente concluir a fines del siglo XX. Esta centralización monopólica implicó la desaparición del Estado empresario y la casi liquidación de la burguesía nacional. Esta clase social, que había tenido una enorme importancia a mediados del siglo, se diferenció cada vez más. Mientras un sector evolucionó hasta alcanzar a definirse como gran burguesía y se entrelazó con el capital extranjero, teniendo un peso significativo en varias ramas de la producción, su porción mayoritaria declinó de un modo cada vez más ostensible.

El imperialismo norteamericano fue claramente dominante durante la segunda mitad del siglo. Sin embargo, en la última década, sobre todo durante el proceso privatizador, los monopolios europeos, le disputaron la hegemonía.

La deuda externa, en particular la pública, creció sostenidamente hasta alcanzar, a fines del siglo, importes descomunales.

La conducción política del proceso, en general, estuvo en manos de la alianza del imperialismo, principalmente norteamericano, con la gran burguesía argentina.

Estas tendencias avanzaron por etapas y no se desarrollaron de manera lineal. En algunos casos, el avance fue profundo y veloz, muy pocas veces sufrió un retroceso relativo.



1955 - 1976



El golpe de septiembre de 1955 indicó el comienzo del desmantelamiento del modelo de capitalismo nacional que había articulado Perón.

El Fondo Monetario Internacional comenzó a adquirir, en nuestro país, mayor ingerencia en la elaboración de políticas económicas. Este organismo, ha exigido, desde 1957, un programa que, en muchas de sus pautas, aún hoy continúa vigente; entre otras: reducir el déficit fiscal, disminuir la protección arancelaria, reducir los salarios reales y fomentar el endeudamiento externo.

La etapa abierta a partir de 1958, con el desarrollismo, mostró la expresión local de una nueva fase en la evolución del imperialismo. Los capitales que se invertían en los países dependientes, sin dejar de producir materias primas para las grandes potencias, como se venía realizando desde su inicio, buscaban también el aprovechamiento del mercado interno. El capital financiero norteamericano, ahora claramente hegemónico, había desplazado al inglés, que predomino desde el siglo XIX hasta la década del cuarenta. Esta sustitución de una potencia rectora por otra importará para Argentina una seria dificultad para insertarse en el mercado mundial. Gran Bretaña, mientras fue dominante, absorbía gran parte de nuestra producción agropecuaria . En cambio, EE.UU. no adquiría nuestras principales mercancías de exportación e, incluso, resultará un serio competidor en el mercado mundial.

El gobierno de la Unión Cívica Radical, entre 1963 y Junio de 1966, implicó un tibio intento de la burguesía nacional de resistir el avance del capital monopólico. Ejemplo de esto fue la anulación de las concesiones petroleras.

En 1966, la dictadura de Onganía retomó el rumbo y marcó un salto de calidad en el curso del proceso. Se agudizaron la concentración y la centralización del capital y adquirieron más relevancia las inversiones foráneas. En 1969, las 100 principales empresas industriales extranjeras producían casi el 20% del total de Argentina, mientras que en 1957 su participación había sido del 11,8%. Considerando al conjunto de las empresas extranjeras, su proporción se había elevado del siguiente modo: 18,2% en 1955, 24,7% en 1962, 26,8% en 1966 y 31% en 1972. Para entonces, resultaba clara la hegemonía del capital norteamericano. En 1969, más de la mitad de la producción industrial realizada por empresas extranjeras correspondían a filiales norteamericanas, el 15,7% a británicas y el 10,8 a francesas.

También adquirió mayor relevancia la influencia del Fondo Monetario Internacional en el diseño de las políticas económicas.

La burguesía nacional se diferenciaba cada vez más. Un sector de ella evoluciono teniendo un peso significativo en varias ramas de la producción como alimentación y vinos.

Las relaciones de producción capitalista se seguían expandiendo en Argentina. El crecimiento de la masa de asalariados es un buen indicador de este fenómeno. Si en 1947 los trabajadores en relación de dependencia representaban el 68,1% del total de la población ocupada, en 1970 se había elevado al 70,8%.

La clase obrera, en su lucha contra la dictadura, comienza un crecimiento organizativo y político significativo. Rebeliones como el Cordobazo y el Viborazo harán temblar al régimen. Este se verá obligado, poco después, para sortear la crisis, a buscar una salida electoral.

La gran burguesía argentina, dirigida en un principio por Perón, se hace cargo de la conducción del proceso político entre 1973-1976, resistiendo muy débilmente las presiones de los monopolios y logrando desviar el curso revolucionario que las masas habían iniciado en la dictadura anterior.

Por su parte, la clase obrera, que había conducido las luchas contra la dictadura en estrecha alianza con otros sectores populares, particularmente estudiantiles, logró ciertas concesiones. Por ejemplo, el salario real se elevó en el bienio 1974/1975, en un 25% respecto de 1970. Sin embargo, a mediados de 1975, el gobierno de Isabel Martínez se encargó, golpe inflacionario mediante, de recomenzar el aumento de la tasa de explotación.

La participación de las empresas estatales en ciertas áreas del P.B.I. todavía era relevante. En 1975 producían el 53% de la electricidad, gas y agua, el 48% de minas y canteras, el 40% de transportes y comunicaciones y el 35,8% de finanzas, seguros y bienes inmuebles.



EL CONTEXTO INTERNACIONAL 1973 - 1983



La crisis del petróleo de 1973 puede considerarse como el momento en que comenzó la larga fase de depresión económica que afecta al sistema mundial capitalista hasta nuestros días. La crisis de sobreproducción del capitalismo generó una masa gigantesca de mercancías y de capital parasitario que, en gran medida, fue colocada en los países dependientes, provocando en ellos la destrucción de las industrias vinculadas al mercado interno y un crecimiento vertical de la deuda externa

La escuela económica keynesiana, que había predominado desde la década del treinta, comenzó a ser reemplazada por la doctrina neoclásica, dominante en los albores del imperialismo.

Los gobiernos de Gran Bretaña, dirigido por Margaret Thatcher, y de EE.UU. , encabezado por Ronald Reagan, fueron líderes en la aplicación de esta orientación, iniciándose, de este modo, el proceso internacional de liquidación del denominado Estado de Bienestar. Las conquistas de la clase obrera comenzaron a ser recortadas, permitiendo que los monopolios se apropiaran de una mayor tasa de plusvalía que compensara la tendencia declinante de la tasa de ganancia. A su vez, las empresas estatales eran entregadas paulatinamente al capital financiero. Nacía así un nuevo modelo de capitalismo que, luego, fue llamado neoliberal o neoconservador.

El neoliberalismo se extendió por el mundo rápidamente, desplazando al agotado benefactorismo. El proceso, si bien generalizado, se desarrolló de modo desigual. Más pausado en los países monopolistas, más acelerado y profundo en los países dependientes.

En este marco, el imperialismo, para frenar el avance popular y comenzar a aplicar el nuevo modelo neoliberal, impulsó una ola de golpes de estado en varios países de América Latina (Chile, Bolivia, Uruguay, Argentina).



EL PROCESO NACIONAL 1976 - 1983



En nuestro país, la dictadura tuvo como uno de sus principales objetivos terminar de liquidar un proceso de ascenso revolucionario de las masas populares, cuya fecha de inicio puede ubicarse en el Cordobazo de mayo de 1969. Derrotar al movimiento popular era necesario para profundizar la línea económica anticipada: estimular la concentración y la centralización del capital en manos de los monopolios extranjeros asociados a la gran burguesía local y crear condiciones que permitiesen un incremento en la explotación de la clase obrera y en la proletarización de la pequeña burguesía.

El primero de estos aspectos implicaba la transferencia a manos de los grupos monopolistas de los capitales de menor envergadura, profundizándose una persistente liquidación de la burguesía nacional vinculada al mercado interno.

La dictadura comenzó a abrir las fronteras aduaneras permitiendo la introducción del excedente industrial de los Estados dominantes, los que competían con ventaja con la producción local. Se inició un proceso de desindustrialización. Se sustituyeron las mercancías de elaboración nacional por artículos similares importados, afectando preferentemente aquellas ramas vinculadas al capital nacional.

La deuda externa argentina creció brutalmente. Hacia 1975 rondaba los u$s 10.000 millones, para alcanzar, al fin de la dictadura militar, un monto que giraba alrededor de los u$s 50.000 millones. El pago de los intereses de esta deuda pesará gravemente sobre el esfuerzo del pueblo argentino, particularmente de sus trabajadores.

La composición orgánica del capital había crecido ininterrumpidamente desde 1950/54 (3,89) a 1971/73 (5,36). A su vez la tasa de explotación (P/V) lo hace a un ritmo mayor casi duplicándose en el mismo lapso(pasa de 0,76 a 1,41). Como consecuencia de este último aumento desmesurado se compensa la tendencia a declinar de la tasa de ganancia (P/c+v) que se eleva de 0,19 a 0,26.

Si bien el incremento de la tasa de explotación de la clase obrera argentina, como surge del párrafo anterior, no es nuevo, existen ciertos indicadores que permiten describir su crecimiento descomunal a partir de 1976. En efecto, tal como se demuestra con el siguiente cuadro, en el primer año de instalación de la dictadura genocida, disminuyó el salario real un 33% respecto de 1975. Cuando terminó esta etapa había descendido aún más.



Cuadro 1

Variación del salario real 1975/1993 Índice 1975=100



Año Salario



1975 100,0

1976 66,4

1977 51,3

1978 53,9

1979 57,7

1980 66,3

1981 61,9

1982 53,6

1983 63,6

1984 76,5

1985 68,8

1986 64,1

1987 58,7

1988 59,6

1989 54,5

1990 49,3

1991 46,8

1992 48,7

1993 49,1



Fuente: Azpiazu - Nochteff



Por otra parte, el crecimiento de la pauperización relativa de la clase obrera respecto de la burguesía, puede ser detectada considerando otro indicador: la participación de los asalariados activos en el Producto Bruto Interno (P.B.I.). Así, por ejemplo, mientras que en 1974-75 era del 44,1 %, bajó perpendicularmente en 1976 al 27,9%. Por fin en el segmento 1977-1980 fue del 31,4 %, importando un repunte frente a la aguda disminución de 1976, pero manteniéndose muy por debajo del nivel de 1975.

El cuadro general señalado en el párrafo anterior se mantiene incorporando la participación de los asalariados pasivos, entendiendo que las jubilaciones y pensiones implican la restitución de parte de la plusvalía apropiada por la burguesía a la clase obrera. Se constata, en el cuadro que sigue, que la masa total de asalariados (activos y pasivos) en 1974/75 alcanzó el 48,9 % del P.B.I., mientras que en 1977/82 había disminuido al 36,4%, es decir un cercenamiento cercano al 30%.



CUADRO 2

Participación de los asalariados en el ingreso (en porcentaje)



Período Asalariados activos Asalariados Pasivos Total asalariados



1974/75 44,1 4,8 48,9

1976 27,9 3,6 31,5

1977/80 31,4 5,0 36,4



Fuente: Susana Torrado, obra citada, Pág. 266.



El siguiente cuadro demuestra que, desde 1976, las tasas de desocupación y subocupación giraban en algo menos del 10%, elevándose, levemente, hacia el final de la dictadura. Así, se puede concluir que la disminución del salario real y el consecuente aumento de la tasa de plusvalía no fueron condicionados, en esta etapa, por el crecimiento del ejército de reserva que, como se anticipó, se mantuvo estable. Por ello, la dictadura se vio obligada a accionar desde la superestructura estatal para lograr la disminución del nivel salarial, impulsando medidas de distinta naturaleza para vencer la previsible oposición de la clase obrera. Apeló al terrorismo dirigido en particular hacia los militantes populares. Sobre esta base, dispuso un conjunto de disposiciones jurídicas, que operaban tanto en el derecho colectivo del trabajo (prohibición de las huelgas, modificación de la ley sindical, congelamiento de las convenciones colectivas de trabajo, fijación de los incrementos salariales por debajo del índice inflacionario, entre otras) como en el terreno de las relaciones laborales individuales (modificación de la Ley de Contrato de Trabajo).



CUADRO 3

Desocupados y subocupados en Argentina 1974-1995 Onda mes de mayo.



Año Población Total Pob.Econ.Ac. Desocupados Subocupados Total



1974 25.241.297 40,6 5,0 5,4 10,4

1975 25.695.640 40,0 3,5 5,3 8,8

1976 26.157.162 39,9 5,2 5,3 10,5

1977 26.629.009 38,8 3,9 4,1 8,0

1978 27.108.131 38,8 4,2 5,5 9,7

1979 27.596.281 38,2 2,6 3,9 6,5

1980 29.949.480 38,3 2,6 4,5 7,1

1981 28.340.773 38,5 4,2 5,0 9,2

1982 28.737.544 38,2 6,0 6,7 12,7

1983 29.139.869 37,4 5,5 5,9 11,4

1984 29.547.827 37,8 4,7 5,4 10,1

1985 29.961.497 37,9 6,3 7,5 13,8

1986 30.380.958 38,6 5,9 7,7 13,6

1987 30.806.291 39,5 6,0 8,2 14,2

1988 31.237.579 38,7 6,5 8,9 15,4

1989 31.674.905 40,2 8,1 8,6 16,7

1990 32.118.354 39,1 8,6 9,3 17,9

1991 32.608.687 39,5 6,9 8,6 15,5

1992 33.005.209 39,8 6,9 8,3 15,2

1993 33.406.552 41,5 9,9 8,8 18,7

1994 33.812.776 41,1 10,7 10,2 20,9

1995 35.223.939 42,4 18,6 11,3 29,9



Fuente: RAFFAGHELLI-RAFFAGHELLI

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